Protagonistas de piedra

La opinión de Julio Santoyo ✍🏻

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Ni duda cabe que la Venus de Milo tiene un valor estético altamente apreciado, no importa que sea de piedra y que no tenga manos. Para el arte eso no cuenta tanto. Si tuviera manos sería como muchas esculturas una obra que sí tiene manos. Pero no es lo mismo cuando de instituciones se trata.

Las hay, y bastantes, que tiene un armonioso diseño, poseen marcos jurídicos que por su contenido hasta parecen poesía, sin embargo alguien les destrozó las manos y las han convertido en frías entidades de piedra. Le cuestan mucho dinero a los ciudadanos y sus resultados son penosos.

Si se quisiera contar la historia de cómo es que Michoacán ha perdido su riqueza natural y se debate hoy en crisis ambiental, tendrían que escribirse varios capítulos sobre la permisibilidad de las instituciones federales. Algún capítulo merecería, obligadamente, la complicidad de algunos de sus funcionarios que de manos cruzadas o como el caballo de Troya, promueven desde adentro la tala ilegal y el ecocidio.

A simple vista cualquiera que viaje por las carreteras michoacanas puede cerciorarse de la rapidez con la que nuestros bosques están siendo arrasados y de la proliferación descontrolada de huertos aguacateros y de otros frutos. Pueden apreciar el preocupante paisaje de ollas enormes cavadas en los altos de las lomas y las montañas. Y pueden, desde luego, preguntarse, ¿y quién debería desde el Estado parar esta tragedia? ¿Y por qué no lo hace?

De acuerdo a las leyes existentes las instituciones federales en materia ambiental son mano en el cuidado del medio ambiente. Los recursos que se asignan a ellas son muy superiores a los que se proporciona  a los estados, considerando desde luego el criterio de la proporción. Y no se diga las facultades que la Constitución y  las leyes secundarias les otorgan. Estado y municipios, en bastantes temas, dependen de la iniciativa y de los recursos federales.

En Michoacán las instituciones federales son efectivamente como la estatua de la Venus de Milo, mucha estética, fría piedra y … sin manos. No hay necesidad de que los ciudadanos hagan denuncias de delitos ambientales pues son tantos y tan evidentes que un recorrido cómodo por los caminos de Michoacán les bastará para que en los primeros 40 kilómetros sus bitácoras estén repletas de reportes, solamente por mirar el paisaje.

El desastre ambiental en nuestro estado debe pararse. Ya no hay opción para posponer la tarea, mucho menos refugiados en el vomitable “qué tanto es tantito”. Ese perverso “tantito” se ha convertido en la pérdida de la mitad de nuestros bosques en menos de 25 años. 25 años en que las instituciones federales sólo han estado ahí para mirar y en el mejor de los casos escribir la crónica de la destrucción. El obituario ambiental ha sido su mayor logro.

Quienes han sido electos por Michoacán para la representación federal en el Senado y la Cámara de Diputados deben tener en su agenda la condición fallida de las instituciones ambientales federales. Estas deben ser reformadas de la punta a la cabeza y fumigadas en todos sus rincones para expulsar a los corruptos que han protegido el accionar ecocida de los poderosos capitales que ven en el campo sólo la manera de hacer dinero, llevándose entre los pies los derechos humanos de todos.

Quienes hoy son mayoría en las cámaras, si al regodearse de su poder no alcanzan a mirar en qué asuntos pueden invertir bien ese poder arrasador, no lo duden, traten de desdoblar el discurso de su cuarta transformación para derivar en contenidos de cambio para las políticas medioambientales. ¿De qué serviría una cuarta transformación si está no adopta como uno de sus propósitos centrales defender a rajatabla el medio ambiente? Ese que nada más y nada menos es el soporte de la vida de todos los mexicanos. Parafraseando a alguien diríamos que sin un medio ambiente sano no existirá gente que haga tal transformación.

Las instituciones federales medioambientales que se necesitan en Michoacán tienen que asumir el liderazgo para detener la tendencia ecocida que se ha impuesto. La Venus de Milo -metáfora de estas instituciones- debe tener manos para hacer, y despojarse del cuerpo pétreo y frio para ser sensible a una realidad que se le ha escapado de las manos. Y ello depende del nuevo gobierno federal, para nuestro caso de los legisladores federales, y por supuesto de la nueva mayoría. Si el próximo gobierno no es ambiental -parafraseando a otro alguien- entonces no lo será.

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