Manual para vencer la credulidad y la falsedad electoral

La opini√≥n de Julio Santoyo ‚úćūüŹĽ

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Nunca antes los ciudadanos hab√≠amos estado tan vulnerables a la falsedad de las palabras y las im√°genes como durante las campa√Īas en desarrollo. La disponibilidad de medios tecnol√≥gicos en las manos de la gran mayor√≠a de los mexicanos, que han logrado establecer una conexi√≥n casi permanente y en tiempo real con los eventos en curso, otorgan la err√°tica sensaci√≥n de mirar y entender con objetividad lo que est√° ocurriendo.

Millones de emisores generan mensajes continuamente a trav√©s de las redes sociales, y lo hacen a una velocidad relampagueante y a esa misma velocidad son consumidos. Lo que en el siglo pasado se criticaba a los medios tradicionales (radio, televisi√≥n, prensa), de aprovechar su sistema de comunicaci√≥n unidereccional para constituir una opini√≥n p√ļblica a modo del status quo, no fue superado por el sistema horizontal que representan las redes y la internet, la nueva comunicaci√≥n -hasta ahora parece que no podr√≠a ser de otra manera-, reproduce los valores del propio sistema, y en muchos casos los peores valores del sistema constituido.

La calidad comunicativa de las redes en muy poco tiempo ha entrado en crisis. Cuando se lleg√≥ a creer en que su modalidad horizontal permitir√≠a el acceso a conocimientos amplios y diversos para constituir verdades y al rechazo a toda censura no se previ√≥ que la ruta ser√≠a en sentido inverso. Hoy d√≠a las fuentes menos confiables est√°n en las redes y en la internet y la no censura ha tomado caminos torcidos como la mentira, la difamaci√≥n, la apolog√≠a del odio, la promoci√≥n de los prejuicios y el fanatismo, y la constituci√≥n del poder de la ignorancia “informada”.

El abandono de los libros, de los artículos científicos, de las revistas especializadas, de la prensa con fuentes confiables, que son signadas con nombres, apellidos e historias profesionales que los respaldan, han sido desechados para edificar la cultura de los memes y los textos de 280 caracteres, emitidos por entidades virtuales, perfiles identificados por nombres inventados o la imagen de animales, objetos o paisajes. Es la nueva idolatría de la ignorancia.

El mundo comunicado en las redes, como tendencia principal, es un mundo dominado por la mentira y la simulaci√≥n, que no obstante ser la peor fuente para acceder a la verdad es la √ļnica utilizada por millones. Es as√≠ como en la actualidad se construye la opini√≥n p√ļblica en nuestro pa√≠s y el mundo.¬† Este hecho lo entienden a la perfecci√≥n los estrategas de las campa√Īas pol√≠ticas. Por eso la relaci√≥n entre campa√Īas, redes e internet, es fluida y boyante, es el mejor medio, el m√°s lubricado para que la falsedad corra intensa y extensamente.

As√≠ como en el siglo pasado se llamaba a la pertinente cr√≠tica de los medios unidireccionales, en los d√≠as que corren es no s√≥lo pertinente sino imprescindible la cr√≠tica al uso comunicativo de los nuevos medios. No por ser horizontales y de doble o m√ļltiple v√≠a, o m√°s democr√°ticos, son un baluarte de la comunicaci√≥n responsable, objetiva y veraz. Son tan o m√°s susceptibles a la manipulaci√≥n que los medios tradicionales; en los tradicionales los poderosos manipulaban, ahora democr√°ticamente, todos tienen la oportunidad de falsear, manipular, ser ignorantes, infames, escatol√≥gicos e insufriblemente fr√≠volos, incluso con alcances en auditorios muy superiores a los primeros.

Todos los usuarios de los nuevos medios deber√≠amos por salud intelectual y hasta psicol√≥gica alternar la lectura en las redes y la internet con mayores tiempos de lectura de libros, revistas especializadas o art√≠culos confiables, con tiempos para pensar¬† y tiempos para reflexionar con la familia, los amigos, los compa√Īeros de trabajo y desde luego con gente que piensa diferente a nosotros.

Nunca es recomendable dar crédito a información que no esté debidamente referenciada en fuentes confiables y de prestigio, si son noticias tenemos el deber crítico de buscar por lo menos tres fuentes que confirmen los hechos o las palabras de los protagonistas. Si no hacemos este ejercicio terminaremos siendo unos lamentables crédulos y víctimas de cualquier estafa informativa.

La conciencia pol√≠tica que se est√° formando durante las campa√Īas electorales es en verdad preocupante, sus componentes son la credulidad, el fanatismo, el dogma ¬†y desde luego la acriticidad. Bajo esta condici√≥n los pol√≠ticos tienen en una mano a los ciudadanos, consumidores voraces de sus mensajes, y de ello no resultar√°n los cambios que el pa√≠s est√° urgido, pues les basta explotar las instintivas emociones para cautivar. Resultar√°n votantes enajenados por sus odios, prejuicios y fanatismos que ir√°n¬† las urnas como √ļnico acto de participaci√≥n pol√≠tica y despu√©s la nada, la frustraci√≥n y la negativa a participar. Es decir, no est√°n construyendo ciudadan√≠a.

Así que el primer paso cívico es cuestionar, provenga de donde fuere, la calidad de los mensajes y de la información que se nos proporciona. Hacer efectiva la crítica bien sustentada en razones y contrastes para responder al caudal asfixiante de mensajes y así crear una zona cívica crítica, verdaderamente independiente, que sea contrapeso del poder comunicativo mal empleado.