La prioridad

La opinión de Julio Santoyo ✍🏻

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En tiempos de campañas electorales las lecturas de la realidad están inducidas por las estrategias que para hacerse del poder ponen en juego los protagonistas, políticos y partidos. La manera en cómo miramos y entendemos la realidad, nuestra realidad, define simpatías y rechazos. El enfoque desde el cual valoramos las causas y consecuencias de los problemas nacionales es decisivo para posicionar propuestas electorales.

El poder de los mensajes mediáticos en el contexto de una sociedad irritada que ha perdido credibilidad en su clase política y en las instituciones, puede generar percepciones más cercanas a las emociones que a la razón. En este sentido, la identificación de las prioridades, a partir de las cuales abordar la problemática nacional, podrían apegarse más lo superficial y a la sola emoción antes que al estudiado análisis de nuestra complejidad.

Entre los temas de valoración simplista que de la realidad mexicana suelen hacer nuestros políticos en campaña, está el de la problemática ambiental. El lugar que en la jerarquía de los problemas se le ha otorgado por el discurso de los aspirantes es claramente marginal. No obstante que se trata de un asunto determinante para la vida de los mexicanos y en el cual se involucran temas tales como las cualidades de nuestro modelo económico, el ataque a la pobreza, los usos de energía, el acceso universal al agua, el derecho humano a un ambiente sano, el futuro de los ecosistemas en el territorio nacional, el crecimiento sostenible de la urbanización, la calidad del aire, la salud de todos, la generación de alimentos, está siendo omitido o en caso contrario incluido como relleno “verde” de los programas.

Hasta ahora no hay quien haya colocado este tema en el lugar prioritario que urgentemente le corresponde. Economía, salud, educación, cultura, política, y más, están subordinados a la viabilidad de nuestro medio ambiente. Sin una visión consecuente para afrontar los daños ambientales y su preservación para asegurar la vida humana todo lo demás es palabrería vana. La política pública del futuro inmediato, para que tenga futuro, debe replantearse las prácticas productivas para que se logre un desarrollo sostenible. Si las prácticas productivas, industriales, comerciales, agrícolas, forestales, pecuarias, acuícolas, ganaderas y de servicios siguen destruyendo el medio ambiente, como hasta ahora está ocurriendo, terminaremos colapsando.

Parafraseando al clásico que afirmaba que la premisa para que hubiera historia es que debían existir hombres vivos, hoy debe entenderse que para que exista la sociedad mexicana, debe haber un medio ambiente que permita la vida de los mexicanos. Por eso es de gran importancia que urgentemente, desde ahora, los aspirantes al ejecutivo federal, a las representaciones legislativas, a las gubernaturas y a las presidencias municipales, adopten agendas medio ambientales. Si alguno de ellos no tiene claridad ni compromiso con el medio ambiente, o francamente ha sido cómplice de su destrucción -como algunos aspirantes en Michoacán-, no debe ser votado.

La devastación de nuestra biodiversidad ha ido de la mano con la complicidad y protagonismo de muchos políticos que se han enriquecido por ello. La pérdida de bosques, selvas y el deterioro de aguas ha corrido al parejo con la ineficacia de las instituciones que fueron creadas para su protección. Muchas de estas instituciones son hoy sólo el referente que da testimonio de las pérdidas que no fueron capaces de evitar, o peor, la constancia de la corrupción interna que facilitó la destrucción de nuestra casa común, el medio ambiente.

El enfoque ambiental, como instrumento para analizar la realidad nacional, modifica las prioridades de política pública y las percepciones de la realidad. Obliga a que reformemos el modelo económico que ha colocado al medio ambiente como objeto y medio para hacer dinero; obliga a que modifiquemos la percepción de que la especie humana es el principio y el fin, el ombligo ciego del planeta en torno al cual existen todas las demás expresiones de vida; nos obliga a reflexionar que debemos retribuirle, con otro tipo de cultura, los bienes de vida que nuestro entorno natural requiere con urgencia para que él sobreviva y con él nosotros.

La prioridad es la vida, la vida del planeta, de nuestros ecosistemas, la vida de los mexicanos. Como expresión y valor superior de nuestra civilización, la política, los políticos, deben ocuparse de esta prioridad. La deben asumir como compromiso imprescindible para el bienestar inmediato y futuro de todos los mexicanos. Y en función de esta prioridad deben alinear el resto de sus políticas.

La prioridad incluye, desde luego, el compromiso de los ciudadanos. Es cierta la ineficacia y la corrupción en las instituciones pero también es cierta la ambición y voracidad de grandes y pequeños inversionistas que atenidos al cancerígeno dicho de “que tanto es tantito” y al amparo de la mordida, “el que no tranza no avanza”, diariamente destruyen, sin ningún costo, el medio ambiente de todos los mexicanos y de todos los seres vivos.

Es de políticos y de ciudadanos el desafío de adoptar como prioridad el medio ambiente. Es falso que baste la intervención mágica del político, como es falso que los ciudadanos crean que la responsabilidad es sólo de los políticos.

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