Ni ven ni escuchan

La opinión de Julio Santoyo ✍🏻

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La polvareda de banalidades que ha levantado por semanas el ánimo frívolo de las precampañas ha desplazado las agendas de asuntos que los gobiernos deberían estar atendiendo sin interrupción y con regularidad. Fueron tan pobres las precampañas que ninguna logró que la opinión pública nacional, ni los gobiernos, identificaran alguno o algunos de los grandes problemas del país como temas privilegiados en su agenda diaria, nacional o local.

Las precampañas, por lo contrario, fueron un distractor en el cumplimiento de las responsabilidades gubernamentales en los ámbitos de su competencia. El descuido de sus responsabilidades ateniéndose al ruido de la mercadotecnia política y siguiendo el ritmo de las jugadas electorales, les aseguró evadirse y hacer a un lado los compromisos constitucionales para actuar en los temas que preocupan a la ciudadanía.

El circo,  la ensalada de locos, en lo que fue convertido el tiempo de precampañas, distrajo también a la ciudadanía, que enojada y esperanzada en algún cambio, volcó su atención diaria en los insulsos mensajes de aspirantes, que han perdido las ideas y están muy lejos de generar utopías que puedan ser referentes para relanzar la democracia mexicana, su economía, su gobernabilidad, y a proyectar el papel de México en el contexto internacional.

Por ejemplo, la agenda medioambiental que es crucial para el presente y futuro del país y del mundo, ha sido omitida y da la impresión de que a los políticos en campaña o les importa un cacahuate o la consideran un adorno de moda en los programas que deban sustentar. La omisión, sin embargo, está sentando un precedente en la actuación de las instituciones gubernamentales que al reconocer el desinterés de los futuros representantes están optando por la inacción ante el permanente ecocidio que protagonizan los poderes económicos que están haciendo dinero a costa del medio ambiente.

Más letal aún resulta la presencia de precandidatos en el plano federal y local que han protagonizado actos de protección a quienes están destruyendo nuestro medio ambiente, “la casa de todos”, o peor aún que ellos mismos son destructores de ecosistemas, y que sin pudor alguno están buscando postulaciones y sin que sus partidos los sancionen porque practican una concepción medioambiental que contraviene a nuestra carta magna.

El abandono de la agenda crítica medioambiental en Michoacán y de las acciones urgentes que deben seguir realizándose para contener y revertir la pérdida de flora y fauna, y de aguas y tierras, representa una tragedia para nuestro estado y sus pobladores. La riqueza (en el más amplio sentido de la palabra)  que se sigue perdiendo por el cambio imparable (e ilegal) de uso de   suelo y la extinción permanente de aguas superficiales y disminución de aguas subterráneas, no son fácilmente revertibles. Por ahora, ni siquiera, nadie puede afirmar que la devastación ambiental ha sido frenada, tampoco que hay una recuperación sólida y sostenida que nos permita hablar de una clara reversión de los daños.

Tan sólo un ejemplo, quienes en el municipio de Madero estamos promoviendo la constitución de una gran Área Natural Protegida, (esperamos lograr más de 50 mil hectáreas), a través de la representación de la comunidad de Nieves, hemos solicitado ante CONAGUA, desde agosto del 2017, que se clausuren los trabajos de por lo menos dos decenas de pozos que están dejando sin agua a más 800 pobladores de esta localidad y afectando el consumo de agua de las poblaciones cercanas como Umecuaro, El Auxilio, Tirio e incluso a la propia capital del estado. La no respuesta que se ha tenido es una violación de los derechos humanos de los pobladores, porque ante la solicitud por escrito no han dado una contestación oficial, es decir, ni los ven ni los escuchan.

En esta zona,  al norte de Madero y al sur de Morelia, la devastación ambiental tiene varios componentes: cambio de uso de suelo de miles de hectáreas para convertirlas en ilegales huertas aguacateras; contaminación de aguas superficiales que desembocan a la laguna de Umecuaro con pesticidas empleados en las huertas; construcción ilegal de decenas de represas evitando los escurrimientos naturales de agua y afectando a la población tierras abajo; autorización de CONAGUA de pozos en huertas procedentes de cambio de uso de suelo (ilegales) y tolerancia a la perforación de decenas de pozos para llevarse a las huertas lo que queda del agua de esta región. Ya no nos extraña la impunidad ni la corrupción de las instituciones, tampoco la participación de personajes de la vida política como “empresarios” voraces y ecocidas, que encubiertos atrás de prestanombres son los verdaderos causantes de la catástrofe que están viviendo estas poblaciones y que explicaría las razones de porque la Delegación de CONAGUA en Michoacán no ve ni oye a la gente de Nieves.

Así, mientras el espectáculo de las trivialidades de precampaña ha creado una cortina de humo en torno a la continuidad del ecocidio en Michoacán y han posibilitado el abandono de la agenda ambiental, los ciudadanos debemos recuperar el espacio y la agenda y exigir, sin ambages, el cumplimiento de las leyes ambientales estatales y federales, la Ley General de Aguas, y hacer efectivo el derecho constitucional a un ambiente sano y al acceso al agua de la población, en primer lugar.

Tendrán que ver y escuchar, y además resolver. Como lo dijo Alejandro Martí, “si no pueden, renuncien”.

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